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ENERO 2018
DICIEMBRE 2017

ACONTECIMIENTOS LITERARIOS


23 de enero de 2018

Muere el poeta chileno Nicanor Parra a los 103 años


A los 103 años ha muerto este martes el poeta, matemático, físico y académico chileno Nicanor Parra. Lo ha confirmado el ministro de Cultura del Gobierno de Chile, Ernesto Ottone. El deceso del premio Cervantes 2011, una de los mayores leyendas de la literatura hispanoamericana del siglo XX, se ha producido de madrugada. Hermano mayor de una familia de genios, como la cantautora y artista Violeta Parra, el autor de Poemas y antipoemas pasó sus últimos años de vida en su casa de la localidad costera de Las Cruces, a unos 120 kilómetros de la capital chilena. Su muerte, sin embargo, ha ocurrido en su hogar del municipio de La Reina, en Santiago.

"Nunca fui el autor de nada porque siempre he pescado cosas que andaban en el aire", señaló en una entrevista con EL PAÍS en 2011. Creador de la corriente llamada antipoesía, Parra era el superviviente del grupo más señero de poetas chilenos contemporáneos, junto a Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Vicente Huidobro y Gonzalo Rojas. Después de publicar en 1937 Cancionero sin nombre, influido por Federico García Lorca, llegó en 1954 el libro que marca en mayor medida su obra y la poesía hispanoamericana del siglo pasado, Poemas y antipoemas.

"Durante medio siglo / la poesía fue / el paraíso del tonto solemne. / Hasta que vine yo / y me instalé con mi montaña rusa. / Suban, si les parece. / Claro que yo no respondo si bajan / echando sangre por boca y narices", escribió Parra en Versos de salón de 1962.

Su país llora al poeta que revolucionó las letras hispanoamericanas y el Gobierno ha decretado dos días de duelo nacional para despedirlo. Las principales autoridades chilenas han comenzado a hacer pública su conmoción. "Chile pierde a uno de los más grandes autores de la historia de nuestra literatura y una voz singular en la cultura occidental. ¡Estoy conmovida por el fallecimiento de Nicanor Parra! Mi más profundo pésame a su familia", ha publicado la presidenta Michelle Bachelet en Twitter.

El presidente electo, Sebastián Piñera, iba a presentar a su gabinete en una ceremonia en la sede del Congreso en Santiago y ha arrancado su discurso aludiendo al fallecimiento del poeta: "Era un hombre que llenó las páginas de nuestra historia, con su talento imaginación e irreverencia", ha asegurado Piñera, que pidió un minuto de silencio en honor a Parra.

En Las Cruces, los vecinos y turistas se acercan a la casa que lo cobijó en las últimas décadas para dejarle flores y despedirlo.

Nacido un 5 de septiembre de 1914 en la localidad San Fabián de Alico, en el sur de Chile, antes del Cervantes obtuvo premios importantes, como el Juan Rulfo, en 1991, y el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, en 2001. Fue un poeta revolucionario, a contracorriente. "Busco una poesía a base de hechos y no de combinaciones o figuras literarias. Estoy en contra de la forma afectada del lenguaje tradicional poético", explicó el propio Parra en 1948, en una introducción teórica para una antología.

El antipoeta ejerció una influencia enorme en varias generaciones de escritores hispanoamericanos, como en su compatriota Roberto Bolaño. "Escribe como si al día siguiente fuera a ser electrocutado", dijo de Parra el autor de Estrella distante.


Fuente:EL PAÍS


12 de enero de 2018

Oscar Wilde como víctima


En la portada digital de EL PAÍS se ha destacado a lo largo de esta semana un fotorrelato de la revista Icon titulado Por qué estos 15 genios murieron completamente arruinados, en el que se pasaba revista al final de miseria y privación que tuvieron quince personajes famosos, que llegaron a ser ricos pero no fueron capaces de conservar sus fortunas. Entre ellos figuraban desde la cantante Whitney Houston, a la actriz cómica Gracita Morales, pasando por Judy Garland, Vincent Van Gogh, Anita Ekberg o el científico Nikolas Tesla. Encabezaba la lista el escritor irlandés Oscar Wilde. Como en el resto de los casos, bajo una gran foto del aludido se resumía brevemente su vida, especialmente el fin que tuvo. Sobre Wilde decía el autor del texto, M.E. Torres:

"Oscar Wilde (Dublín, Irlanda, 1854- París, Francia, 1900) nació en el seno de una familia con dinero, llegó a ser muy rico gracias a su trabajo y relaciones sentimentales, derrochó a conciencia casi todo lo que había ganado y murió en París completamente arruinado (…) En su descargo hay que decir que a Wilde no solo le arruinaron sus hábitos de vividor y su mala cabeza, el escándalo homófobo en que se vio envuelto al hacerse pública su relación con el joven aristócrata lord Alfred Douglas tuvo también mucho que ver con sus problemas financieros".

Un lector, Julio F. Hernando, me ha escrito desde Indiana (Estados Unidos) muy indignado con esta última frase:

"La descripción de los problemas de Oscar Wilde como escándalo homófono es desinformada o perversa. Aunque, efectivamente, la primera denuncia contra Wilde estaba relacionada con sus relaciones con Alfred Douglas, a lo largo del juicio se presentó evidencia de relaciones de Wilde con menores. Quedó demostrado en el juicio que Wilde pagó por relaciones sexuales con muchachos de dieciséis años, y hubo testimonios que identificaron a las personas con quien Wilde tuvo relaciones como de trece y catorce años. (Para más información véase el libro Oscar Wilde’s Scandalous Summer: the 1894 Worthing Holiday and the Aftermath de Anthony Edmonds).

Oscar Wilde no fue una víctima de homofobia, sino un perdedor sexual. Considerando el terremoto informativo sobre la tolerancia al abuso sexual en entornos artísticos durante los últimos meses — con la campaña #metoo — el texto de M. E. Torres es inaceptable, y debería ser corregido".

He remitido el escrito al director de Icon, Lucas Arraut, y al autor del texto, M.E. Torres. Este último explica lo siguiente:

"Entiendo que el tema es complejo y se presta a múltiples interpretaciones y matices. Sin embargo, no soy el primero ni seré seguramente el último en considerar que Oscar Wilde fue objeto en vida de una campaña de desprestigio de claros tintes homófobos.

El lector aporta una referencia bibliográfica sin duda interesante como argumento de autoridad. También podrían citarse, en sentido contrario, obras como Oscar Wilde and Modern Culture: The Making of a Legend, de Joseph Bristow, Diccionario de la homofobia, de Louis-George Tin o The Trials of Oscar Wilde, de Michael S. Foldy, en los que se describe con detalle cómo el rechazo a la homosexualidad por parte de la sociedad victoriana explica en gran medida la citada campaña de que Wilde fue objeto después de que su relación con lord Alfred Douglas se hiciese pública. En ningún momento entro a valorar en detalle el posterior juicio al escritor ni las razones por las que, en virtud de la ley Labouchère de 1885, acabaría siendo condenado a prisión y trabajos forzados.

En cualquier caso, el mío no es un texto académico que pretenda profundizar en este tema concreto en toda su complejidad, sino un artículo periodístico, y la afirmación que el lector pide que sea rectificada no considero que sea un error factual, sino una opinión tal vez polémica pero creo que pertinente, razonable y fundamentada. Por todo ello, considero que la rectificación no procede, dicho sea esto con toda la humildad y absoluto respeto por el punto de vista expresado por el lector”.

Por mi parte, considero que el lector aporta un punto de vista interesante al recordar que la conducta sexual de Wilde, a tenor de lo que puso de relieve el juicio al que fue sometido, distaba de ser ejemplar. Ello no resta importancia, sin embargo, al peso que tuvo en su declive la prisión y el rechazo que sufrió por parte de una sociedad que, como casi todas las de su época, no toleraba la homosexualidad. Juzgar a Oscar Wilde no era el objeto del breve texto firmado por M.E. Torres, ya que eso hubiera requerido un detenido examen de su vida y las circunstancias que rodearon su ascenso y caída. La existencia de diversos libros sobre Wilde con diversas tesis demuestra que el tema es sumamente polémico y requerirá de nuevos estudios dilucidarlo.


Fuente:EL PAÍS


20 de enero de 2018

Una biografía de Fernando VII gana el Premio Comillas de Historia


La obra Fernando VII. Un rey deseado y detestado, del historiador Emilio La Parra, es la ganadora de la 30ª edición del Premio Comillas de Historia, Biografía y Memorias, que concede anualmente la editorial Tusquets. El jurado del galardón ha destacado del libro "el enorme conocimiento sobre el personaje y la valiosa y múltiple documentación aportada", ha informado la editorial en un comunicado. Además de "ratificar historiográficamente la turbia leyenda que acompaña a la figura de este monarca", el texto de La Parra "arroja nueva luz sobre las complejidades de una etapa histórica indudablemente tiránica que, con numerosos matices, explica gran parte de la historia posterior de España".

"Aunque lo parezca, Fernando VII no es lo suficientemente conocido porque no hay biografías bien documentadas, al contrario de lo que pasa con otros reyes como Alfonso XII o Isabel II", ha declarado La Parra por teléfono a EL PAÍS. Para este historiador (Palomares del Campo, Cuenca, 1949), "Fernando VII inaugura una forma de gobernar que fue seguida por gobernantes posteriores como Primo de Rivera o Franco. A pesar de que era muy conservador, no actúa como reyes anteriores que también lo fueron, ni por supuesto como los monarcas constitucionales que había en Europa".

La Parra define a Fernando VII como un rey que "quiere imponer su voluntad en todos los asuntos de gobierno, incluso en los nimios". "Desmontó en la práctica la monarquía que, aunque absoluta, limitaba la autoridad del monarca por los fueros de territorios o privilegios de personas". Entre las fuentes documentales que más ha utilizado para su obra, La Parra subraya los archivos nacionales de París y el del Palacio de Oriente.

¿Por qué Fernando VII fue tan nefasto? "Sobre todo porque se negó a aceptar la evidencia de la participación en política, que se había inaugurado con las revoluciones liberales. Además, no dudó en reprimir todo tipo de disidencia, incluidos los conservadores", añade La Parra que subraya dislates de este rey como "el desprecio a todo lo que venía de fuera y el apoyo a la Iglesia más conservadora". En el plano personal, el historiador no cree que el rey felón fuera "tonto", como se ha querido hacer ver. "Tenía una inteligencia práctica, era hábil en el regate corto y el manejo de los tiempos".

Entre los episodios "más tétricos" de su reinado, La Parra destaca la Guerra de Independencia, en la que, "mientras los españoles morían, él estaba en Francia adulando a Napoleón. Sin embargo, a su vuelta capitaliza la victoria sobre este. Era un hipócrita". El otro capítulo negro es, tras el pronunciamiento de Riego en 1820, "cuando Fernando VII pronuncia el famoso discurso de "marchemos todos juntos y yo el primero por la senda constitucional", cuando a la vez estaba potenciando la formación de grupos para acabar con el constitucionalismo. Recurrió incluso al zar, el gran autócrata de Europa, para acabar con los liberales españoles". La Parra recuerda que los líderes europeos, asustados por la revolución liberal que había triunfado en España como en ningún otros sitio, le ayudan a mantenerse en el poder, aunque la visión que tenían de él era pésima".

Emilio La Parra López es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Alicante. Especialista en la historia política y cultural en el tránsito del siglo XVIII al XIX, ha publicado varias biografías, entre las que destaca Manuel Godoy. La aventura del poder (2002 y 2005). Es autor de un buen número de estudios sobre Fernando VII y su tiempo, entre otros la monografía Los Cien Mil Hijos de San Luis. El ocaso del primer impulso liberal en España (2007), y coordinador del volumen La imagen del poder. Reyes y regentes en la España del siglo XIX (2011). Ha sido director de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes y es doctor honoris causa por la Universidad de Provence (Francia).

El número de manuscritos presentados al galardón fue de 49. El premio consiste en una estatuilla de bronce diseñada por Joaquín Camps y un anticipo sobre derechos de autor de 12.000 euros. La obra distinguida se publicará en marzo en la colección Tiempo de Memoria, de Tusquets.

El jurado del galardón ha estado presidido por el historiador José Álvarez Junco y formado por el periodista Miguel Ángel Aguilar, Francesc de Carreras, catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Barcelona; el escritor y diplomático José María Ridao y, en representación de Tusquets, Josep Maria Ventosa. El premio Comillas fue creado en 1988 por el editor Antonio López Lamadrid (1938-2009) con el objetivo de acercar al público "el interés por las obras biográficas, memorialísticas e históricas". Este género permite a los lectores acercarse "a la intimidad de figuras cuyas peripecias vitales han convertido su existencia en parte de la vida colectiva".


Fuente:EL PAÍS



27 de diciembre de 2017

La madre «pija» del asesino de Trotski


Vista con cierta perspectiva, la Historia del siglo XX es como una empresa familiar. Abundan los «hijos y hermanos de» (la hija de Stalin, los hermanos Machado...) pero escasean los textos sobre los padres de aquellos que echaron raíces en los libros de Historia. Una rotunda excepción a este hecho sería Caridad Mercader, madre del hombre que asesinó a Trotski con un piolet, utensilio de escalada convertido para siempre en epítome de la brutalidad. La historia de esta familia es el núcleo del último libro de Gregorio Luri, un ensayo sobre las motivaciones del comunismo titulado «El cielo prometido. Una mujer al servicio de Stalin» (Ariel).

El primer misterio que rodea a Caridad Mercader es su fecha de nacimiento. En una autobiografía que escribió dijo haber nacido en Cantabria en marzo de 1896, pero todos sus documentos oficiales aseguran que nació en Cuba cuatro años antes. Lo que sí está claro es que era una aristócrata: la niña bonita de una familia burguesa. De joven ingresó en un convento de monjas pero viró muy pronto hacia el comunismo. Los hábitos la estorbaban. Ella rompió con ese arquetipo según el cual hace falta ser pobre y desarrapado para ser de izquierdas.

«¿Qué hubiera sido del movimiento comunista internacional sin las familias burguesas?», se pregunta Gregorio Luri. «Uno por uno, ves que no es un movimiento que sale de cualquier lugar. Una de las cosas que he descubierto haciendo el libro es la presencia de una aristocracia comunista en todo el partido. Ella será muy revolucionaria, pero las medias de seda son las medias de seda y la ropa que lleva tiene que estar bien cortada. Cuando su hijo Ramón se enamora de Marina Ginestà, que es de una familia en la que su padre y su abuelo eran ya comunistas, ella le dice que no es suficiente para él, que necesita alguien de mayor categoría».

El golpe del 18 de julio le pilló en Barcelona mientras organizaban la Olimpiada Popular de 1936, la alternativa «roja» a los Juegos de Berlín. Durante la guerra, madre e hijo resultaron heridos en Tardienta. Formaban parte de una columna cuando una avioneta voló sobre ellos a baja altura. El piloto les saludó y pensaron que se trataba de un avión republicano. Sin embargo, a los pocos minutos comenzó a atacarlos sin piedad. Caridad salió herida en el intestino y desde entonces tuvo que vigilar mucho lo que comía. Por aquel percance le concedieron una medalla, un reconocimiento que en su momento le pareció absurdo: «¡Cuando pienso que me condecoraron por mi coraje!», le dijo años después a un amiga. «¡Yo sólo era una idiota! Cuando oí los aviones, creí que eran nuestros, así que salí y les hice grandes muestras de entusiasmo. Como se trataba de aviones enemigos, no fallaron en el blanco... ¡Los que me dieron una medalla por mi bravura eran como yo, imbéciles!».

Matar a Trotski

¿Instigó Caridad a su hijo para que acabase con Trotski? «No», responde Luri sin pensárselo. «Caridad tenía enemigos dentro del partido, personas que pensaban que era la mano que mecía la cuna, pero no». Su influencia iba por otro camino, e incluso se sintió un poco culpable por todo lo que le pasó después a su hijo. Como tantos otros, Caridad puso «la causa» comunista por delante de su familia: la literatura infantil y juvenil soviética «animaba a las nuevas generaciones a ser más hijos del comunismo que de sus padres, y a denunciar a estos si sospechaban que su conducta era antisoviética». Era una militancia salvaje.

A Ramón Mercader le cayeron 20 años de prisión. Hubo intentos más o menos organizados para sacarle de la cárcel, pero él estaba allí como un sultán. En el penal de Lecumberri le pusieron una celda con dos habitaciones para él solo. Tenía libros, radio, guardaespaldas, comida mejor que la de los demás, tabaco... Llegó a tener teléfono privado y hasta le preparaban dos citas femeninas por semana (Sara Montiel lo visitaba con frecuencia). Se decía que Ramón no quería salir de la cárcel porque sabía que en la URSS viviría muchísimo peor.

A la hora de la verdad, Caridad apenas tuvo trato con sus hijos, pero esto no le impedía ser una mujer autoritaria, casi dictatorial. Cuando Caridad vio a Ramón por primera vez tras dos décadas encerrado lo primero que hizo fue echarle la bronca: le dijo que se pusiera a régimen.

Caridad era más estalinista que Stalin pero conservaba las formas de una niña bien. Decía que el caviar había que comerlo a cucharadas para apreciar todas sus cualidades y le encantaban las ostras. Una vez, sus nietas fueron a visitarla a París y le recriminó a su hijo Luis que las niñas no supieran comerlas correctamente (en la URSS no había ese tipo de lujos). Caridad era una mujer de esas que parecen eternas. Fumaba tres cajetillas de tabaco Gauloises sin filtro al día, como si lo regalasen en el estanco. En otra ocasión la vieron fumando mientras nadaba en el mar, pues braceaba con la cabeza fuera del agua. Otro tic de auténtica señorona.

«Catalán tenías que ser»

La investigación y el relato de Gregorio Luri demuestra que el plan para asesinar a Trotski estaba cogido con alfileres. Hubo un primer intento a manos de David Alfaro Siqueiros, que fracasó contra todo pronóstico. Su grupo de asaltantes dispuso todo el tiempo del mundo para acabar con Trotski y lo único que consiguieron fue llenar la casa de agujeros de bala: «Fue una chapuza de unos señores que tuvieron, como alguien dijo en México, “más cojones que inteligencia”, y que antes del asalto se pusieron de tequila hasta las cejas», explica Luri.

«El plan B no era que lo matase Ramón, pero es Ramón el que dice: “Esto lo asumo yo”. Él llevaba un puñal, una pistola y un piolet. Lo que tiene previsto es que le va a clavar el piolet y va a morir en el acto, por lo cual dispondrá de un tiempo para salir de la casa. Y si luego tiene que usar la pistola pues la utilizará. Lo que pasa es que justo que cuando le está asestando el golpe, Trotski gira un poco la cabeza y eso hace que no muera en el acto y lo detengan».

Con Ramón inmovilizado, apareció de pronto el doctor Wenceslao Dutrem, amigo de los Trotski. Mercader lo conocía de vista y se dirigió al médico en catalán: «¡Doctor Dutrem, adjudi`m, si us plau!». El doctor también lo conocía de unos días antes, pero pensaba que era canadiense, o eso le habían dicho (cosas de espías). Al ver que el asesino además de mentiroso era de su misma región le respondió: «Fill de puta, havies de ser catalá».


Fuente:ABC


21 de diciembre de 2017

Lo nuevo de Lucia Berlin, la gran escritora alcohólica y silenciada


A pesar de sus brillantes ojos azules, su distinguido porte y su despampanante belleza, Lucia Berlin (1936-2004) pasó escandalosamente desapercibida. Cierto que no era actriz, ni modelo, pero sí fue una increíble escritora, (observadora, cruda, divertida y brillante) que el mundo literario dejó pasar por alto. El escándalo —que nunca estuvo muy lejos de su atribulada vida— llegó en 2015 cuando Berlin fue descubierta y resonó la pregunta de por qué se la había ignorado. Ya llevaba una década muerta cuando ese año la antología de sus relatos prologada por Lydia Davis, Manual para mujeres de la limpieza, llegó a las librerías estadounidenses de la mano de la editorial FSG y arrasó. Berlin, “escritora de escritores” —es decir, admirada mayormente solo entre un puñado de colegas— se convirtió en una estrella.

Como apuntaba María Fasce, editora de Berlin en el sello Alfaguara: “Me parecía increíble que esos cuentos dolorosos, hermosos y llenos de humor negro, hubieran pasado casi inadvertidos para sus contemporáneos”. Cientos de miles de lectores en todo el mundo se han sentido igual y hoy, tras la publicación de esa primera colección de relatos en 23 países, después de copar los primeros puestos en las listas de ventas durante semanas y de recibir el aplauso unánime de crítica y público, más que escándalo por el tiempo que tardó en ser descubierta, lo de Berlin ha pasado a ser un fenómeno.

En 2018 la brillante cuentista, que arropa con su prosa historias brutalmente humanas, regresará simultáneamente a las librerías españolas y estadounidenses en noviembre con Una tarde en el paraíso. El nuevo libro reúne 21 de los 34 relatos que quedaron fuera de la primera colección, todos ellos inéditos en castellano. Algunos, eso sí, fueron incluidos en las colecciones que Berlin publicó en los años noventa. En concreto el que da título al nuevo volumen apareció en Where I Live Now (Donde vivo ahora) el último libro de cuentos que Berlin publicó en vida en 1999, en la pequeña editorial Black Sparrow Press.

Desde su estreno a los 24 años en las páginas de la revista del escritor Saul Bellow, The Noble Savage, Berlin publicó 77 historias cortas que aparecieron en pequeñas revistas y fueron reunidas en media docena de libros con escasa repercusión y tiradas cortas. Berlin se hundía en el alcoholismo, escribía a rachas y trataba de salir adelante con empleos precarios de señora de la limpieza, telefonista o enfermera hasta que en los noventa obtuvo una plaza como profesora en Boulder, Colorado.

Nacida en Alaska, hija de un ingeniero de minas, Berlin pasó su primera infancia errante por Idaho, Montana, Kentucky y El Paso hasta que la familia se trasladó a Santiago de Chile. Allí la futura escritora frecuentaba clubs de campo y fiestas de la alta sociedad. En 1968, 13 años después de dejar Chile para enrolarse en la Universidad de Nuevo México —donde fue alumna del novelista español Ramón J. Sender— Berlin se había divorciado tres veces y tenía cuatro hijos.

había instalado en Nueva York en los cincuenta y frecuentaba un círculo de músicos y artistas con su segundo esposo, el pianista de jazz Race Newton, y los dos hijos de su primer marido. Después se casaba en México con Buddy Berlin, saxofonista, padre de sus otros dos hijos, y adicto a la heroína, lo que acabó por separarles. “Con la adicción llega el esconderse, el mentir, la sospecha. ‘Solo me miras a los ojos para ver si estoy colocado’, me dijo. Verdad”, escribió Berlin en Memories of Mexico publicado en The New Yorker.

La editorial FSG ultima ahora con la ayuda del hijo de la escritora Jeff Berlin, Welcome Home obra que recoge un inacabado libro autobiográfico y lo completa con cartas y fotos de la escritora. La edición estadounidense coincidirá con la salida del libro de cuentos. En español, las memorias serán publicadas también por el sello Alfaguara unos meses más tarde.


Fuente:El País



4 de diciembre de 2017

Un poema inédito de Miguel Hernández


En este Año de Miguel Hernández, cuando se cumplen 75 años de la muerte del poeta de Orihuela, y como aportación a la celebración de su obra, ha llegado el momento de sacar a la luz un poema que los descendientes de su hermana Elvira consideramos un tesoro celosamente guardado a lo largo de tres generaciones: un poema inédito que, como tantos otros a lo largo de su vida, Miguel Hernández regaló, esta vez a su hermana, mi abuela.

A raíz de la muerte accidental de su amigo Manolo, aguador de Orihuela, Miguel Hernández le dedica esta elegía. Como en muchas otras ocasiones, su primera lectora fue su hermana Elvira, cuya opinión siempre tenía en cuenta. La respuesta de Elvira fue que no publicara el poema, ya que al atribuir la responsabilidad última de la muerte a la “mezquindad” de su madre, acrecentaría el ya insoportable dolor causado por la muerte de un hijo. Después de una discusión, Miguel decide regalarle el poema, mecanografiado por él mismo, a su hermana para que lo guarde o, si así lo desea, lo destruya. Lógicamente lo conservó inédito hasta el final de sus días, con el deseo, que expresó en más de una ocasión, de que yo (su nieta mayor) me hiciera cargo de su publicación cuando ella hubiera muerto.

Elvira conservó este poema, al igual que las cartas y documentos de su hermano, hasta la fecha de su fallecimiento (en 1996), cuando pasan a manos de su hija mayor, Elvira Moreno Hernández, a quien años antes había confiado su custodia. De Elvira Moreno, mi madre, todo el archivo pasa a mi poder en el 2016, con el encargo tácito de que lo haga público en el momento oportuno. Ambas transmisiones se han realizado con el acuerdo tanto de las otras hijas vivas de Elvira Hernández, Rosa y Concha, como del resto de sus nietas y nietos.

El manuscrito no está fechado pero, a través de los datos obtenidos en la hemeroteca, podríamos situarlo en las primeras semanas de agosto de 1935. Los diarios La Verdad(7 de agosto de 1935), El Día(7 de agosto), La Libertad (6 de agosto) y El Luchador (5 de agosto) hacen referencia a la muerte de un aguador de nombre Manuel García Ortuño, alias Solajes, y natural de Orihuela, donde ejercía su oficio. No puedo asegurar que se trate de la misma persona, pero las coincidencias tanto en el nombre, como en el oficio o en la causa de la muerte, pueden hacer pensar con cierta seguridad que este Manuel García Ortuño, que murió ahogado el 4 de agosto de 1935, es el destinatario de la elegía.

Casi con toda seguridad, se trata de uno de los amigos de la calle de Arriba, donde Miguel Hernández vivió su infancia desde los cuatro años. El poeta muestra su dolor por el amigo muerto y la rabia por la injusticia de su muerte, a través de figuras y referencias utilizadas ya en sus poemas anteriores: el agua, la tierra, el yunque, el trueno, el arado, los dientes.

Las similitudes de esta elegía con la dedicada a Ramón Sijé, que Miguel Hernández escribiría pocos meses después –en enero de 1936–, tras la muerte de su amigo el 24 de diciembre de 1935, apoyan la fecha sugerida.

El poema comienza con un verso suelto que es la noticia de la muerte, que ha irrumpido en la juventud feliz de forma violenta. Recordemos la dedicatoria de la Elegía a Ramón Sijé, en la que el autor nos da, igualmente, la noticia del lugar y la causa de la muerte – “como del rayo”. Además de esta similitud en la forma, ambas elegías lloran la muerte de un amigo joven, inevitable en el caso de Sijé e innecesaria en el de Manolo.

La elegía a Manolo el aguador toma la forma más clásica –que ya había utilizado en sus elegías previas– de laudatorio del amigo desaparecido en segunda persona, y sólo en la última estrofa se muestra el autor en su dolor y su ofrenda de lágrimas, de su voz (su arma más valiosa) y una vez más, la tierra, para terminar con dos endecasílabos puramente elegíacos. Esta exposición de sus sentimientos avanza lo que será la expresión del dolor desgarrado en primera persona de la elegía a Ramón Sijé, que es un canto desesperado, en el que arremete contra la muerte que llegó “temprano” y a la que “no perdona” y que culmina con la esperanza irracional de que el amigo vuelva, pues les ha quedado pendiente “hablar de muchas cosas”.

Otra diferencia significativa es la figura de la novia, apasionadamente desesperada la del aguador y apenas sugerida la de Sijé. La novia de Manolo irrumpe en la primera estrofa torturando sus cabellos y llorando la pérdida de su hombre, fuerte y alegre, con cuyo jornal unió el suyo para costear la boda que ya no se celebrará; sin embargo, la de Sijé no se menciona hasta el decimocuarto terceto, disputándose su sangre con las abejas, aunque no debemos olvidar la elegía posterior dedicada a Josefina Fenoll (novia de Marín-Sijé), que “se ha quedado novia por casar”.

Miguel Hernández cultivó las formas clásicas, entre ellas la elegía; dedicó composiciones de este tipo a personajes públicos, a personas de su entorno inmediato y anónimo e incluso a algunos animales, quizá como un mero ejercicio poético. Pero la elegía a “Manolo, aguador ahogado” es la primera en la que la muerte le afecta personalmente y, en consecuencia, la primera con un tono íntimo, que muestra el dolor sincero y que camina hacia la culminación del género elegíaco en la dedicada a su “compañero del alma”.

A MI AMIGO MANOLO, AGUADOR AHOGADO

Por Miguel Hernández

A punto de casarte te has ahogado.
Y una mujer tortura sus cabellos,
echa de menos un timón de olmo,
llora un novio de yunques resistentes,
un corazón de campanario en fiesta,
derramando jornales por el suelo, que unisteis
para pagar el azahar y el hijo.
Y otra mujer, tu madre, tan mezquina
que te crió con hierbas y mendrugos,
gime y te insulta porque ha de pagar tu entierro.
Hoy tendrán sed tinajas y gargantas,
hoy huelgan por ti fuentes y aguadores,
carros y surtidores, con los brazos caídos.
Tu cuerpo estaba hecho de herramientas sonoras:
parecías compuesto de disparos,
tu voz llevaba un trueno de las riendas
y dos trillos tus pasos, tan potentes
que quedaban las huellas de tus pies
grabadas en las losas.
Tú y la chicharra, de la misma especie.
Cuando hacías equilibrios sobre un cuchillo en pie,
cuando sobre tu carro
de cántaros templando sus guitarrones de agua,
relampagueando el látigo mordías al borrico,
cuando te desplegabas sobre tu acordeón,
caía seducida una hortelana.
Tú y Rosendo, los mozos más fornidos, Manolo.
Tu dilatado tórax ocupaba la calle,
a tu sien hondamente negra de juventud
acudían las venas y el amor a manojos,
parecía que nunca te habías de morir,
parecías verdad, y eras mentira.
Viniste al mundo derribando sillas
y levantando arados con los dientes,
tu mano mejoró la del león
y resistió tu espalda la caída de un pino.
Gremio de relucientes puñaladas,
suavemente las aguas te han matado.
Cuatro aguadores de anudados brazos
te llevan con los pies para delante.
Cuenta con mi dolor, cuenta conmigo,
y con mi corazón, y con mi lengua,
cuenta con un puñado de lágrimas y tierra,
cosechero que fuiste del estrépito,
privilegio acabado de la vida.


Fuente:La Vanguardia


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